PREFACIO
La gestión adecuada de los cadáveres es uno de los
aspectos más complejos en la respuesta a las situaciones de desastre, y los de
origen natural, pueden causar un número considerable de muertes. Aunque la
comunidad humanitaria ha sido consciente de este reto por más de 20 años, la
pérdida masiva de vidas como consecuencia del tsunami del sur de Asia en el
2004 puso de relieve las limitaciones de nuestra actual capacidad de respuesta.
Otros desastres de origen natural ocurridos en el 2005, como el huracán Katrina
en los Estados Unidos, el huracán Stan en Centroamérica y el terremoto del norte
de Pakistán e India, han evidenciado aún más la necesidad de contar con una
guía práctica.
Los desastres con frecuencia desbordan la capacidad
de los sistemas locales que se encargan de atender a los fallecidos. Son
entonces las comunidades y las organizaciones locales las que asumen la
responsabilidad principal de la respuesta. La falta de asistencia o de
planificación especializada para las situaciones con víctimas en masa
incrementa todavía más los problemas y, a menudo, ocasiona un manejo inadecuado
de los cadáveres. El trato que reciban las víctimas tiene un efecto profundo y
duradero en la salud mental de los sobrevivientes y de las comunidades, que
puede tener graves implicaciones en el futuro. De igual forma, la correcta identificación
de los muertos tiene importancia legal para los herederos y para las compañías
de seguros y puede tener serias repercusiones en los familiares muchos años
después del desastre.
(...)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario